1,2,3 o viceversa

Cuando era pequeña mis padres me enseñaron a ser agradecida, por las bendiciones que venían al hogar, por las alegrías que compartíamos, por los obsequios que me daban, por el alimento diario, agradecimientos por finalizar el día, agradecimientos por todo, por lo mucho que gracias a Dios teníamos.

Quizás en ese momento no entendía bien lo que decía pues me aprendí las palabras y las recitaba como si fuesen un poema, por ejemplo cuando mi papi llegaba a casa con un obsequio para mí, yo respondía – “gracias papi, gracias mami, gracias Papá Diosito” – cuando terminaba de comer el agradecimiento era el mismo – “gracias papi, gracias mami, gracias Papá Diosito” – Desde muy chica entendí que mis papis me facilitaban las cosas pero quien estaba detrás de todo era nuestro Papá Diosito y cuando preguntaba por él mi mami me indicaba que era nuestro Padre que vivía en el cielo y que tenía un hijo llamado Jesús, si eso era así, entonces Jesús vendría a ser mi hermano, un hermano con sandalias, con vestido y con pelo largo que vivía lejos de casa, en mis cortos años me lo imaginaba con un hermano de carne y hueso, un poco rebelde, eso si,  por su vestimenta…

 Desde siempre he sido una niña que pregunta el por qué del por qué y me voy a detener en contar la confusión que tuve en ese momento:

  • Si Papá Diosito es mi papá, entonces ¿mi papi quien era?
  • Si Jesús es mi hermano ¿por qué mi mami no es su mamá?
  • ¿Por qué la mamá de mi hermano Jesús es la Virgen María?
  • Si la Virgen María también es mi mamá ( y llevo su nombre) , ¿entonces mi mami no es mi mamá?
  • ¿la Virgen María se casó con Papá Diosito?
  • Si Papá Diosito y la Virgen María son también papás de mis papis, entoces ¿son mis abuelos?

A mis cortos años tenía una enredadera mental y de seguro a mis papis causé más de una jaqueca con este tema y es que nunca he podido conformarme con una respuesta vaga, necesito ir al fondo del asunto y entenderlo, siempre fui observadora en cuanto a curiosidades y desde muy niña me fijaba en todos los detalles que puedan ayudarme a comprender lo que me interesaba; una vez comprendido que Papá Dios, la Virgen María y nuestro hermano Jesús son nuestra familia celestial; empecé a interrogarme con el paraíso, ¿cómo es? ¿cuantas personas hay ahí? si es cómo me explican ¿siempre hay claridad? y si es cómo se ven los tiempos bíblicos en las películas ¿voy a necesitar un vestido blanco de tela tipo hamaca y sandalias?, ¿necesitaré también una vasija de barro para beber agua en esos días calurosos?, me crean o no, esto me generaba un estrés, no podía morir si no estaba lista y de hecho cuando afronté mi primera pérdida que fue el fallecimiento por neumonía de mi perrita “Muñeca”, mi tristeza no se concentraba en lo mucho que la iba a extrañar, auténticamente lloraba y estaba preocupada porque no le compré los elementos para que pueda vivir feliz en el cielo, y cuando mi abuelito nos abandonó mi mayor preocupación era llevarle sandalias (estilo romanas) para que camine y disfrute en el paraíso, me atormentaba la idea de que al llegar arriba pidan esto como requisito y por no tenerlos no iban a poder entrar.

sandalias-1

A medida crecí el agradecimiento diario se convirtió en súplicas de protección Diosito por favor que mis papis no me regañen; Diosito por favor que no saque mala nota, te juro que la próxima si estudio; Diosito por favor perdóname nunca más vuelvo a escaparme, que nadie se de cuenta… Para cada acción había un “Diosito dame protección”

Años más tarde estas súplicas se transformaron en una lista de peticiones – Diosito por favor que me hagan fiesta de 15 años, Diosito por favor mándame de viaje, Diosito por favor que el chico que me gusta vaya a la fiesta, nunca más te pediré nada adicional, Diosito que encuentre zapatos, Diosito que me gradúe con buenas notas, Diosito dame dinero… Diosito de arriba para abajo, bastaba con mirar al cielo, juntar las manitos y pedirlo de corazón.

Luego maduré y con ello mi corazón también, en este punto voy a generalizar porque creo que todos caemos en lo mismo. Lo triste de obtener la madurez es la pérdida de la ingenuidad que daba un tono colorido y especial a las cosas.

Ahora las situaciones son reales y no siempre hay segundas oportunidades, con cada esfuerzo viene un logro, con cada decisión viene la felicidad o la preocupación, nos enfrascamos en el trabajo, en el día a día y sin darnos cuenta hemos dejado por completo de agraceder, de suplicar protección y de pedir. Nos volvimos auto suficientes y en muchos casos arrogantes, mientras más tenemos, mientras más logramos más creemos que no necesitamos de nada ni de nadie hasta que, llega el momento en que algo sucede, ya no es una fiesta a la que no asistiremos, ya no es una mala nota, ahora conocemos lo que realmente significa un dolor, un problema muy grande y solo ahí retrocedemos y nos percatamos del valor que tenían esas enseñanzas y empezamos a practicarlas est vez  en el órden  inverso:

  1. Empezamos a hacer la lista de peticiones y rogamos a Dios que la conceda, esta vez el pedido ya no es banal, es vital.
  2. Cuando las cosas mejoran pasamos a implorar su protección, nos dimos cuenta que cuando andamos solos estamos expuestos, necesitamos un manto que nos cobije y nos ampare.
  3. Finalmente cuando entendimos que Dios es quien debe guiar nuestra vida regresamos a la enseñanza básica, el agradecimiento.

Hoy trato de tener presente esos 3 grandes peldaños, siempre agradecer por las cosas buenas que me pasen y cuando no sucede nada, también es motivo para agradecer. Ya no busco a Dios cuando lo necesito, lo encontré y vive conmigo las 24/7; es el mejor de los observadores, porque nos ve, nos escucha y no nos habla hasta que decidimos prestar atención y cuando fallamos más de una vez, él si nos brinda más de segundas oportunidades. No necesito ir siempre a su templo – aunque me gusta hacerlo – basta con cerrar un momento nuestros oídos al mundo exterior, abrir nuestro corazón y hablar, hablar, hablar, siempre está atento a nosotros, a lo que le pidamos y tengo la certeza de que si lo cumple es para nuestro bienestar y si  no lo es simplemente lo deja de lado, y aunque todos los días le encomiendo protección sé que aunque no lo hiciera Dios está siempre pendiente de mi.

Cuando creíamos que teníamos sabiduría absoluta, realmente, habíamos olvidado todo. Debemos hacernos pequeños para volver a ser grandes.

2 thoughts on “1,2,3 o viceversa

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s